En Druglink, weblog de la asociación britanica Drugscope, encontramos un post titulado "Smoke, mirrors and the death of objectivity" ("Humo, espejos y la muerte de la objetividad"), donde los "hallazgos" de la drogabusología no quedan en muy buen lugar. Y no es que otros no lo hubieran hecho antes, pero se agradece que una asociación nada sospechosa de veleidades antiprohibicionistas se atreva a denunciar una situación intolerable. Un fragmento escogido:Por supuesto que este fenómeno no es exclusivo del Reino Unido. Lo vemos entre nosotros todos los días, y el contubernio entre agencias antidroga, científicos cómplices y medios de comunicación militantes goza de una salud extraordinaria. La objetividad científica en torno a las drogas es, hoy por hoy, una quimera.
«Los estudios se seleccionan cuidadosamente para que se ajusten a una conclusión previamente establecida.Se concede un exceso de fiabilidad a estudios con una muestra de sujetos pequeña o poco representativa, o se pasan por alto otros factores que podrían explicar el resultado.
Algunos investigadores se parapetan tras una respetable fachada de objetividad científica, pero imprimen a su trabajo su propia escala de valores morales, con el inevitable desenlace para los resultados.
Los hallazgos son distorsionados bajo el prisma del prejuicio. Las publicaciones médicas anuncian nuevas y alarmantes investigaciones sobre drogas pero, para cuando llegan a los periódicos sensacionalistas, lo que podría haber empezado como un trabajo serio termina alimentando titulares alarmistas.Y, por supuesto, no faltan las mentiras descaradas y las exageraciones, como la transformación de un riesgo potencial para un pequeño grupo de usuarios en un riesgo real para todos ellos, y así sucesivamente.
En el nivel más primario, este tipo de tácticas no funcionan. Durante los últimos 25 años, el uso de drogas de la Clase A se ha disparado en el Reino Unido pese a todas las advertencias de expertos y activistas. Pero, más allá de esto, existe una verdad objetiva sobre las drogas y la opinión pública tiene derecho a acceder a ella sin ninguna restricción.»
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