02 julio 2005

Añoranza de la Ley Seca

Hamilton Wright: uno de los primeros narcocruzados

Muchas veces me he preguntado qué pensarían los puritanos que abogaron por la prohibición de las drogas a finales del siglo XIX y principios del XX (Hamilton Wright, el obispo Brent) en el caso de que regresaran al mundo de los vivos por unos días. ¿Se unirían con entusiasmo a la cruzada o se lamentarían amargamente por sus nefastos resultados?

Por poner un ejemplo, una estimación del total de muertes violentas relacionadas con la Ley Seca en EE UU (batallas entre bandas, muertos civiles en tiroteos, agentes de la ley caídos, etc.) arrojaba la cifra de 12.000 víctimas a lo largo de sus diez años de vigencia. Podrá parecer una enormidad y seguramente será un cálculo conservador, pero basta con comparar estos números con la actual tasa de asesinatos relacionados con drogas en México para darse cuenta de la enorme gravedad de la situación:

"En el estado de Sinaloa, en el noroeste del país, ha habido 308 asesinatos atribuidos al narcotráfico en lo que va del año. En Chihuahua, en el norte, van 39, y en Nuevo León, también en el norte, van 18. En Tamaulipas, también en el norte, han asesinado a más de 50, entre ellos el jefe de la policía municipal de Nuevo Laredo, Alejandro Domínguez Coello, que ni siquiera llegó a tomar posesión de su cargo."

El monstruo de los narcóticos en 1935: hoy en día es mucho mayor gracias a los San Jorges de la ONU
Algo está saliendo mal

No es descabellado pensar que el equivalente de todas las muertes producidas por la Ley Volstead en los violentos años Veinte se supera cada año en países como México, Colombia o Brasil (no en el conjunto, sino en cada uno de estos países), pero se diría que la opinión pública no tiene consciencia de esto. Durante los últimos quince años se ha producido una verdadera explosión de los asesinatos por drogas en todo el mundo pero, en lugar de preguntarse qué es lo que se está haciendo mal, los gobiernos siguen empecinados en aplicar las mismas recetas y, no contentos con esto, proponen medidas cada vez más draconianas que afectan muy negativamente a la libertad, la salud y la vida de los ciudadanos. La lucha contra las mafias creadas por la prohibición no puede convertirse nunca en un argumento a favor de su mantenimiento. Como Anteo, el enemigo de Hércules, el negocio criminal montado en torno a las drogas se alimenta de los esfuerzos que se hacen en su contra.

Mientras el mundo arde, las agencias antidroga de la ONU siguen con la misma cantilena (como Nerón en el incendio de Roma), y sus cantos suenan cada vez más desafinados. Más que pateos y abucheos, lo que hace falta es un personaje que, como el herrero en Asterix, les dé un buen estacazo en la cabeza la próxima vez que intenten endosarnos una de sus fastidiosas melopeas.

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