

Es sorprendente cómo nos hemos ido acostumbrando a situaciones que en un pasado no muy lejano nos habrían resultado intolerables, y no es menos sorprendente que cuestiones como el dominio absoluto que ejercen las mafias del narcotráfico en los barrios marginales del Tercer Mundo se aprovechen para redoblar los esfuerzos represivos y para recortar los derechos de los ciudadanos, cuando son enteramente imputables a nuestras leyes antidroga, y no a las drogas en sí. Cansa tener que recordar que los camellos infantiles no existían cuando las sustancias hoy prohibidas se vendían en farmacias.
Es posible que los europeos empecemos a contemplar con otros ojos estos fenómenos a medida que los vayamos sufriendo en nuestras carnes. En Gran Bretaña no hay barrios de favelas ni infernales ciudades de Dios, pero un reciente informe de un grupo de expertos del King's College londinense da cuenta de una realidad hasta ahora desconocida en el Viejo Continente. Según este estudio, cada vez más menores pasan a engrosar las filas del narcotráfico, participando modestamente en un negocio que mueve cerca de 6.500 millones de libras en Inglaterra cada año. Algunas de las conclusiones más destacables del informe son:
· Niños de hasta 12 años están vendiendo drogas.
· Cada vez son más los preadolescentes que trafican al menudeo o trabajan como ojeadores para los camellos.
· Muchos de ellos dejan de ir al colegio para atender a la clientela
· Muchos son introducidos en el tráfico por algún pariente cercano
· Los adolescentes que viven en zonas donde las drogas son habituales suelen sentir admiración por los camellos, envidian su nivel de ingresos y aspiran a imitarles
· Los camellos adultos están contratando cada vez a más menores para la venta o para "dar el agua", al ser conscientes de que su edad hace más improbable que sean detenidos.
Nada de esto es nuevo para quien haya visto Ciudad de Dios. Sólo falta saber si el gobierno británico va a imitar a los sucesivos gobiernos brasileños, apagando el fuego con gasolina, fomentando la proliferación de mafias y de agentes policiales asociados a ellas y lanzando campañas de propaganda tan ridículas como ineficaces, o si va a tomar el toro por los cuernos mediante la regulación y la reducción de daños. Es la única manera, jamás ensayada, de cortar este tipo de fenómenos. Como rezaba el eslogan contra la Ley Seca, "Para salvar a nuestros hijos, acabemos con la prohibición".
Más en The Guardian:
Revealed: Britain's network of child drug runners
2 comentarios:
Hola narcoguerrilla, te va bien tu disfraz de J.R.
Quería darte las gracias por el mensaje que dejaste en mi blog.
Siempre supe que jJ.R tenía un golden-heart.
Aparte de su golden heart, Larry Hagman probó con excelentes resultados el LSD y la marihuana, drogas que el ayudaron a dejar el alcohol. Es por haberlo expresado públicamente que he pillado su careto dorado como avatar.
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